2. La reunión después del artículo

Yo pensaba que era el domingo el día que se había institucionalizado para las comidas familiares, ¡no el sábado! Pero claro, hay que aprovechar el pretexto de que exactamente hoy es el cumpleaños de mi hermano para organizar el festejo, aunque él viva en una ciudad a muchos kilómetros de aquí y no vaya a venir.

En realidad no me molesta tanto que la comida sea en sábado, sino la posibilidad de pasar una tarde infernal bajo la sombra de miradas de reprobación. Es la primera vez que los veo desde la publicación de mi nueva columna. Ya imagino la escena: cuchicheos que cesan abruptamente ante mi llegada, silencio sepulcral roto por la sentencia “¡culpable!” seguida de discusiones (en las que obviamente yo, la acusada, no participo) sobre todas las razones por las que yo no debería de divulgar asuntos “íntimos”, “personales” y “privados” de la familia, o –mejor aún- por las que debería escribir utilizando un pseudónimo.

Entro a la casa de mis tíos ejecutando mi mejor cara de interventora de la Secretaría de Gobernación mientras escudriño los gestos de cada pariente tratando de interpretar cómo habrán tomado la mención a la familia que hice en mi columna. “¡Iiisa! Québuenoqueyallegaste. Setehizotardemijita, pero claaaro, si tu mamá me dijo por teléfono que hoy en la mañana tenías una cita de trabajo, ¡erestodaunaemprendedora! Y por cierto, leímos tu artículo y nos gustó mu-chí-si-mo, nocabedudaquetienestalentoparaescribir, toda la vida lo has tenido, siempre decimos tu tío y yo que deberías escribir una novela, ¿has adelgazado? Angélicaaa, ya ve encendiendo el horno, niña, ¡nos encantó tu artículo, Isa!” Trato de disimular mi sorpresa en medio de “siesciertos” y de “tambienanosotrosnosencantós”.

¡Por supuesto! De por si no leen mas que la décima parte de lo que escribo, ya parece que iban a leer algo ¡en internet! Necesito digerirlo. Hago un recuento mental sobre las actividades a las que se dedican, el contacto que tienen con la computadora, con internet, ¿qué posibilidad habría de que, en efecto, la hubieran leído? Ahora lo que me parece extraño es haber pensado que lo habían hecho, quizá por puro morbo. Lo debí haber previsto, no tengo censura. ¡No tengo censura! Qué alivio, qué libertad repentina. También a mí me provoca morbo. Qué ganas de contar de pronto tantas cosas.

…Las mañanitas frente a la bocina del teléfono. “No, no me lo pasen, yo hablé con él hoy en la mañana”. El anillo puesto en una de las velitas como alianza con un deseo del que de inmediato me arrepiento. Me siento culpable por querer romance en mi vida. Superficial y hasta poco profesional. Me justifico un poco pensando que ni siquiera tendría tiempo para el romance, y menos ahora que he de preparar la Expo. “Una rebanadita de cada uno, tía, gracias, pero chiquitita, nomás para probarlos”. Explico por enésima vez mis razones para no querer ir al antro con todos los primos, “gracias, además hoy me quiero dormir temprano, ya renté una película para quedarme tranquila en la casa… sí, yo sola y no, no me da miedo quedarme yo sola, no es necesario que la abuela me invite a dormir a su casa, gracias”.

Me escapo en cuanto acaba la sobremesa para acompañar a mi hermana de compras. Ya sé que es una grosería irme con el bocado aún en la boca, pero tengo el pretexto de aprovechar que las niñas están durmiendo la siesta, así que nos vamos antes de que se despierten, y ni me despido porque “ahoritita regresamos”. Por supuesto nos estacionamos en el lugar más lejano al acceso, para tener que caminar y quemar creo que veinte calorías, que ni son tantas, pero hay que sumarlas con las de utilizar escaleras en lugar de elevador y las que se ahorran pidiendo refresco light y evitando comer pan en el restaurante mientras llegan los platillos.

Pensé que iba a escuchar lo más reciente en las quejas sobre guarderías y noticias sobre destrezas infantiles; en cambio recibo prendas a ser probadas, halagos sobre cómo me quedan y, ¡ahora llega!, el lamento de mi hermana sobre la figura jamás recuperada después de dos partos. De paso me entero del chisme sobre las cirugías más recientes en la crema y nata de la sociedad hidrocálida.

Me encuentro a alguien, lo cual me choca que ocurra justo en el espejo del probador. Suena mi celular, dentro de mi bolsa, en el vestidor, a demasiados pasos de mí como para contestarlo a tiempo. Llamada perdida de teléfono desconocido. Me gusta la intriga, me hace sentir importante. Me gusta un poco menos cuando regreso la llamada y nadie me contesta. La curiosidad no me deja concentrarme en lo que me dice mi hermana, que por otro lado no parece ser demasiado interesante. De nuevo el celular. Es un galán con el que salía hacía meses. Que le habían robado el celular donde estaba mi teléfono y –qué coincidencia- hoy en una comida alguien habló de mí, y perdón por no haberme hablado cuando regresó de viaje (pero es que el robo del celular), “¿tienes plan para hoy? sé que es precipitado, pero organicé una fiesta para los de la disquera y siempre me preguntan por ti”. Accedo y me apresuro a colgar porque entonces me tengo que comprar zapatos para la blusa nueva y ya casi van a cerrar las tiendas.

Es impresionante cómo en un solo día pueden ocurrir tantas cosas impredecibles. Es como si la vida estuviera jugando a las sorpresas.

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Author: estilógrafa

Soy la hija fruto de una noche de romance entre el Mar y la Luna. De mi padre heredé la pasión y la intensidad, y de mi madre lo polifacético.

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