7. Con ninguno

Reviso la configuración de mi celular por enésima vez. En efecto, no está en modo de silencio, el volumen está perfecto y ya hasta me marqué desde el teléfono de mi casa para corroborar si las llamadas entran bien, y sí, simplemente no he recibido ninguna.

Mi prima Luisa está en Puerto Vallarta, mi abuela se fue con mis papás a Jalisco, mi hermana no me ha llamado, de mis amigas me desconecté desde el primero de enero para tener tiempo para el Cometa, Eduardo ya no me habla y el Cometa… el Cometa ya se volvió a ir.

No me deprimí como la primera vez que se fue. De hecho estoy muy tranquila. Me angustié antes de su partida, cuando me propuso que nos fuéramos de fin de semana a la Sierra Fría como despedida. Iríamos con Pablo, un amigo suyo a quien yo ya conocía, y su novia Marta, a la que tal vez había visto en alguna ocasión. Por supuesto descarté la idea inmediatamente y cada día no hacía sino pensar en todas las razones por las cuales no debía ir. Supongo que en el fondo sabía que iría porque en un par de ocasiones mencioné en mi casa a Marta como si fuéramos amigas de años. Cuando finalmente avisé que iría a la Sierra Fría el fin de semana “con Marta y con otras personas a quienes no conocen”, no cayeron en la cuenta de que a Marta tampoco la conocían y mucho menos se imaginaron que ni siquiera yo la conociera.

No puedo explicar por qué lo hice. Todavía pienso en todas las razones por las cuales no debería haber ido y siguen siendo válidas, pero lo que hago por el Cometa no tiene explicación. Estaba a escasos días de irse y yo quería aprovechar cada segundo junto a él. No me importaban las consecuencias y esperaba que tal vez no hubiera ninguna.

Lo único en lo que fui sensata fue en escondérselo a Eduardo. Ya me las había ingeniado para seguir viéndolo sin dejar de ver al Cometa y —por supuesto- sin que se enterara de que estaba saliendo con los dos al mismo tiempo. Con Eduardo hablaba mucho del trabajo, un poco para evitar temas en los que me pudiera preguntar algo cuya respuesta estuviera relacionada con el Cometa, y un mucho para alargar esa etapa previa al noviazgo. Ya llevábamos saliendo un periodo por demás razonable y había tanta empatía entre Eduardo y yo, que lo normal era que empezáramos a andar en cualquier momento. Claro que ese momento de ninguna manera podía ser mientras el Cometa estuviera en Aguascalientes. Para asegurarme de ello, transformaba cualquier conversación con tinte romántico en plática sobre temas profesionales. Seguro se imaginó que estaría de viaje de negocios cuando el jueves le dije que no nos veríamos sino hasta la semana siguiente y le pedí que me llamara el lunes, porque no preguntó nada.

El viernes decidí no trabajar. Salimos temprano rumbo a la Sierra Fría. Desde el instante en que el Cometa pasó por mí, mis pensamientos tormentosos desaparecieron y empecé a vivir cada momento como si fuera el último de mi vida. Pablo y Marta resultaron encantadores. El Cometa, ni se diga. Tenía la impresión de estar en un sueño: la realidad se percibía diferente. Los colores eran más brillantes, los sonidos más nítidos. Era como si el mundo se hubiera convertido en un lugar mejor porque el Cometa y yo estábamos juntos. Reíamos, jugábamos, nos comunicábamos con miradas y con caricias. Éramos los más creativos, seres creadores. Podría escribir un libro completo sobre ese viaje.

Yo entré en un trance del que no me sacó ni siquiera el que se ponchara una llanta durante el trayecto de regreso. No traíamos una llave de cruz, o no sé qué. No valía la pena salir del trance por eventos mundanos como ése. Además, la camioneta era de Pablo, ya resolvería él el problema.

Mientras esperábamos a que algún coche pasara y nos auxiliara, el Cometa se recargó en la camioneta y yo me acurruqué entre sus brazos, escondiéndome del frío. Casi no me percaté de la llegada de otra camioneta y apenas vi a los que se habían bajado a ayudar. No fue sino hasta que Pablo le preguntó algo al Cometa, que volteé al interior del coche. Sentí un golpe seco dentro de mi cabeza al reconocer a la copiloto: la niña Esparza, la mejor amiga de Eduardo. De inmediato desvié la mirada fijándola en uno de los que se habían bajado del otro coche, como si el mirar lejos me convirtiera en alguien invisible. El Cometa debió darse cuenta de que algo me pasaba porque discretamente me soltó y fue a ayudarle a los demás. Sin saber qué hacer o qué pensar, me moví como resorte a la parte de atrás de los coches, donde estaba uno de los pasajeros de la otra camioneta sin hacer nada, como viendo al vacío. Yo no sabía si la niña Esparza me había visto y si me había reconocido, pero no pensaba averiguarlo. Pensé en cualquier cosa que decirle al pasajero, algo sobre el frío, agradecimientos por su ayuda, la belleza de la Sierra Fría. Cuando regresé a la camioneta, mi trance ya no era un sueño, sino un dolor de cabeza.

El Cometa se fue ese mismo día a México, de donde salía su vuelo a la mañana siguiente. De la niña Esparza ya no tuve dudas sobre si me había visto, la confirmación llegó con la ausencia de Eduardo, que no me llamó el lunes de la siguiente semana al viaje de la Sierra Fría y no me ha vuelto a llamar desde entonces. No es porque mi teléfono no funcione, ni porque se haya quedado con el timbre apagado después de misa porque lo he revisado decenas de veces y está bien.

Pensar que hace apenas una semana la vida se trataba de no empalmar a Eduardo y al Cometa, y ahora se trata de no tener a ninguno. Ahora veo cuánta razón tenía evitando a toda costa que Eduardo supiera del Cometa; en efecto, sería fatídico.

Advertisements

Author: estilógrafa

Soy la hija fruto de una noche de romance entre el Mar y la Luna. De mi padre heredé la pasión y la intensidad, y de mi madre lo polifacético.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s