10. ¿Casada, viuda, soltera o divorciada?

Además de estar a cargo de la mercadotecnia y la publicidad del negocio familiar, ahora me han asignado la responsabilidad de las cuentas por cobrar. Tenemos un cliente con una deuda importante en Durango, así que tengo una entrevista con un abogado, amigo de mi amiga Carmen, duranguense y que vivió ahí hasta hace algunos meses. Buscando su oficina, me doy cuenta de que no tengo la dirección, afortunadamente sí tengo su celular, así que le llamo y me indica con precisión dónde es. La cita no dura mucho y su brevedad me cae del cielo porque mi hermano está por llegar de Monterrey, así que sí podré pasar por él.

De camino a recogerlo, mi celular suena con el timbre que le asigné a Eduardo para reconocerlo de inmediato. Mi corazón palpita como cada vez que me llama. No, no voy a trabajar en la tarde, me la voy a tomar libre y sí, sí puedes pasar a mi casa.

No hay comida familiar por la llegada de mi hermano. No será sino hasta mañana, día en que supuestamente iba a llegar, pero adelantó su arribo cuando ya todo estaba organizado para comer todos el sábado. Solamente nos reunimos mis padres, mi hermana, mi cuñado, mis sobrinas, mi hermano y yo. Antes de comer hablamos con mi otro hermano, que está en Barcelona.

Llegan dos de mis tías a saludar a mi hermano. Les está diciendo cuáles son sus planes para las dos semanas que estará en Aguascalientes, cuando el timbre suena. El corazón se me sale del pecho cuando escucho la voz de Eduardo, aunque no logro distinguir si es por la emoción de estar pronta a verlo, o por los nervios de darme cuenta de que hoy mi familia lo conocerá. Escucho también la voz de la niña Esparza , que últimamente ha salido mucho con nosotros. Creo que me alivia que ella también haya venido: así podré pretender que son mis amigos y no tendré que sentir la presión de que mi familia conozca al galán con el que estoy saliendo.

Los pasan a la sala y hago las presentaciones de rigor. ¿Acaso la niña Esparza se ruborizó cuando le presenté a mi hermano? No puede ser, si ella llegó a salir con mi otro hermano, el mayor, el que está en Barcelona. Pero tal parece que sí, que a la niña Esparza le gustó mi hermano menor, por lo menos a juzgar por la velocidad con la que aceptó el ofrecimiento de algo de tomar.

No sé quién babea más por quién, si la niña Esparza por mi hermano, o mis tías por Eduardo. Es evidente que lo aprobarían si anduviera con él. Ahora exploran sus valores morales, síntoma inequívoco de que lo están visualizando conmigo en el altar. Le sugieren probar las galletas que yo preparé (que en realidad preparamos mi hermana y yo), que deben estar por salir del horno, ¡no cabe duda que les gusta para mí!

Voy a la cocina por las galletas y estoy comprobando que, en efecto, ya están listas, cuando suena mi celular. Isa, soy Isa. Es la esposa del abogado al que vi esta mañana. No he terminado de saludarla con el obligado mucho gusto, cuando me empieza a gritar. Mira, Isabel… En vano le empiezo a explicar que no es Isabel, es Isa, i-ese-a, porque no me escucha. La señora está despepitando un discurso sobre lo endemoniado de andar con un hombre casado. Yo no entiendo nada y no comienzo a atar cabos sino hasta que enlista una serie de palabras altisonantes dirigidas a mí, entrelazadas con advertencias de saber quién soy y amenazas de hablar con mi familia. Ah, ya voy entendiendo… No basta con que se trate de un error, si ya se imaginaba que no lo aceptaría. A ver, si tengo los pantalones de andar con él ¿por qué no tengo los pantalones de admitirlo? Ahora me presenta todas las evidencias de que en efecto soy yo quien anda con el abogado. Híjole, de lo que se viene a enterar uno ¿así que todo esto hace el abogado? No, pues qué barbaridad, a mí también se me hace que ha de andar con alguien. Claro que con una esposa histérica como ésta, no me extraña que se busque a alguien más (y espero que no sea pecado pensarlo), pero ¿por qué no se divorcia? Yo sé que el divorcio está penadísimo y que lo ideal es resolver los problemas del matrimonio, pero qué es peor, divorciarse, poner el cuerno, o aguantar a una mujer como ésta. Le repito que es un error, y nada más me deja con el aviso de que su esposo tiene una enfermedad venérea terrible e incurable, así que me conviene irme con cuidado. Es la gota que derrama el vaso, ya me estaba cansando esta señora con su neurosis y sus improperios, pero ahora sí me ofendió. Yo respeto su vida personal y no tiene por qué levantarme falsos. Menos mal que la Nena entra en la cocina atraída por el olor a quemado, o yo me habría seguido con la señora esta. Me despido de ella como si se hubiera tratado de cualquier conversación normal, y cuelgo demasiado tarde: las galletas están achicharradas.

 A cambio de las galletas que no nos podremos comer, Eduardo ofrece ir a comprar unas. Está seguro de que no estarán tan buenas como las que estábamos horneando, pero al menos no nos quedaremos con el antojo. ¡Uy, si no se había ya ganado a mi familia, con esto ya se echó a todos a la bolsa! Iremos los tres, y la niña Esparza le pregunta a mi hermano si quiere venir. ¿De plano se va a aplicar con él, aunque sea hermano de alguien con el que ella salía? Él quiere desempacar, así que se queda en la casa.

Parece que la aprobación de Eduardo por mi familia fue recíproca. Está extremadamente entusiasta y no deja de insinuar que hemos de ser novios. Si no estuviera la niña Esparza aquí, me preguntaría si me está llegando. La verdad es un alivio traer chaperón hoy, porque no estoy segura de querer andar con él. Todavía estoy muy enamorada del Cometa y temo tener que dejar de verlo cuando Eduardo y yo seamos novios. Claro que el Cometa ya se volvió a ir y de todas maneras no nos vemos. Pero no estoy segura de querer andar con Eduardo, no sé si me casaría con él. Bueno, tampoco es que me tenga que casar con el hombre de mi vida, si con alguien como él ya me estaría sacando la lotería. …Aunque después corra el riesgo de divorciarme, como mi tía Lucía, o como la tía Isabel , de vivir toda la vida resignada junto a un hombre al que no amo, pidiéndole a Dios cada día que se lo lleve, porque la viudez es más tolerable que el divorcio. Me pregunto si eso será mejor que quedarme a vestir santos, dedicada exclusivamente al negocio familiar y sin más relaciones que las que ocurren en la imaginación de señoras a las que les pintan el cuerno.

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Author: estilógrafa

Soy la hija fruto de una noche de romance entre el Mar y la Luna. De mi padre heredé la pasión y la intensidad, y de mi madre lo polifacético.

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