15. Otra vez, Manuel

Me pongo nerviosa cuando me llaman de un número privado. ¿Aló? ¿Quién “Manuel”? No, claro que ya no te reconozco la voz, ha pasado mucho tiempo, tanto que creo ya haberte superado. Mucho menos te la reconozco con ese tono de solemnidad. Isa, fuiste la primera persona en saber que me casaba; ahora quiero que seas la primera en saber que me divorcio. ¡¿Manuel se divorcia?! ¿Manolo, el defensor del matrimonio, el convencido de que una relación es para toda la vida y sólo requiere que ambas partes trabajen en equipo en una construcción constante? Ahora aparece de la nada para anunciarme su separación e invitarme un café, amistoso, para platicar, que a fin de cuentas sigo siendo una de las personas con las que mejor comunicación tiene. Ciertamente me atrae la idea de verlo, y de paso enterarme del chisme, pero Eduardo no se va a Miami sino hasta dentro de tres días, así que le digo que tengo el fin de semana algo ocupado y que mejor nos vemos la semana que entra.

Recuerdo cómo hablaba Manolo sobre el matrimonio. Siempre fue muy buen orador y su discurso era muy estructurado. Hablaba sobre valores, metas compartidas, sueños de vida. Recuerdo nuestras conversaciones en el coche, durante las cenas, hasta me acuerdo de la vez que me llevó de día de campo y diseñamos nuestra vida ideal en familia… ¡ya no me acordaba de ese día de campo! Cuántos recuerdos tenía almacenados, me sorprende cómo ahora estallan en mi mente como palomitas de maíz.

La Nena tiene que saber que Manolo me llamó. Pero no, si le digo que me habló, le tendré que explicar que se divorcia y no quiero hacer un chisme. Mejor le cuento el domingo en la comida, en algún momento en que Eduardo no esté.

Otra vez número privado. ¿Será otra vez Manuel? Isa, la verdad es que para mí era muy importante verte hoy y me lastimó que tú aplazaras nuestro encuentro con tanta indiferencia; te lo tenía que decir, porque he aprendido que el haberme callado tantas cosas es algo que lastimó mucho nuestra relación. Uf, cómo pesa el remordimiento de haberlo lastimado. Ahora me necesita y tengo la oportunidad de apoyarlo. A fin de cuentas no es más que un café amistoso para que pueda desahogarse con la persona que lo conoce y lo entiende. Está bien, Manuel, pasa por mí dentro de una hora. Por lo que hubo.

Ahora qué le digo a Eduardo. Si me tardo menos de dos horas con Manuel, Eduardo ni se enteraría. Además sabe que la pila de mi celular está haciendo falso contacto, así que no será raro que no le conteste. Aunque cuando hablamos sobre lo de Alan, quedamos en que nos diríamos todo. Híjole, si le oculto esto a Eduardo, me puede costar mi relación con él, y no creo que valga la pena, mejor sí le digo.

Eduardo reacciona con madurez, o al menos con naturalidad. Solamente me recuerda que él se va el lunes y queda de pasar por mí al lugar donde tomaré café con Manuel.

Llamo a la oficina para avisar que no regresaré en la tarde, me cambio de ropa y me retoco el maquillaje. Hace años que no lo veo. Lo vi un día en el centro comercial, de la mano con su esposa, ex-esposa o lo que sea, pero él no me vio y eso fue hace ya dos años.

Manuel ha perdido pelo y ha ganado peso. Se ha convertido en un señor. Durante casi una hora abre su corazón, contándome todo sobre su matrimonio, su separación y finalmente la decisión de divorciarse. Se ve que ha pasado tiempo analizando su relación, como siempre lo ha hecho.

¿Qué hubiera pasado si tú y yo sí nos hubiéramos casado? Yo también me lo he preguntado, Manolo, viviríamos ahorita en la casita que habíamos visto, probablemente estaríamos comprando una más grande. Tendríamos ya tres hijos, tú trabajarías y yo sería ama de casa. Cada semana saldríamos en una cita romántica a solas tú y yo. Viajaríamos y tomaríamos cursos de cerámica, de pintura y de música. Tus padres me amarían y tú seguirías siendo un miembro más de mi familia. Nuestras madres seguirían siendo amigas. Iríamos a misa juntos, a todos lados juntos, y la gente se sorprendería si alguna vez nos encontrara sin el otro, como pasó cuando terminamos.

No creas, también ha sido difícil para mí. ¿Recuerdas que en medio de tu enojo me dijiste que debería tomar terapia para definir lo que quería? Pues eso hice, desde entonces estoy en terapia. Me ha servido para analizar y entender muchas cosas, otras sigo sin resolverlas. Sé que para ti yo cancelé esa boda, pero para mí fuiste tú quien la canceló, yo sólo quería posponerla…

Sí, sé que podríamos caer en la misma discusión y ahora sé que tenías razón: el dudar es otra manera de no querer. Pero es que nuestra relación era tan conveniente socialmente, que no podía evitar preguntarme si estábamos juntos por comodidad y costumbre, o si en realidad éramos ese amor ideal con el que sueño desde niña. Me pesaba mucho recordar que desde pequeños nuestras madres soñaban con vernos casados, justo en la época en la que tú y yo no nos podíamos ni ver, ¿recuerdas cómo nos peleábamos?

Cuando fuimos novios era lógico que nos íbamos a casar. Pero cuando la Nena se casó antes que yo, bien lo sabes, empecé a cuestionarme si en realidad estábamos destinados al matrimonio. Me preguntaba qué tanto estábamos juntos por ir con la corriente, y qué tanto porque en realidad eso era lo que anhelábamos. Ahora me doy cuenta de que con mis dudas menosprecié todo lo que teníamos. Todavía no sé si en efecto eras el amor de mi vida.

También para mí fue muy duro cancelar la boda. Con mi madre en cama y tu madre en negación, no nos quedaba más que recoger las invitaciones tú y yo. Qué bueno que ahora nos podamos reír recordando las reacciones de la gente cuando regresamos por ellas.

Tú me enteraste de que te ibas a casar inclusive antes de que se lo propusieras a Gloria. Recuerdo que me dijiste que era irónico que yo siguiera siendo la primera persona en enterarse de tus planes maritales. Creo que en ese momento no me afectó tanto, más bien me congratulé de haber estado comprometida con un hombre tan íntegro, que tuvo la delicadeza de avisarme de su matrimonio. Después de eso sí ha sido difícil, sobre todo con el tiempo. Conforme pasan los años me pregunto si no dejé pasar la oportunidad de casarme, máxime porque a mi edad, no es fácil encontrar con quién salir, menos aquí en Aguascalientes…

Sí Manuel, sí saldría con un hombre divorciado (si supieras que ya lo he hecho…). Aprecio que esperes a divorciarte para invitarme a salir, y tampoco sé si aceptaré, ya lo veremos.

Ya llegaron por mí, déjame presentarte a Eduardo, mi novio.

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Author: estilógrafa

Soy la hija fruto de una noche de romance entre el Mar y la Luna. De mi padre heredé la pasión y la intensidad, y de mi madre lo polifacético.

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