17. Ocasiones especiales

-Buenas noches Adelita, soy Isa. … Sí, gracias, aquí la espero. Ay , el fleco se me vino sobre la cara y no tengo manos para arreglármelo.

-¡Adelita!

-Isa, qué gusto verte, pásale.

-Muchas gracias Adelita, no seas mala ¿me ayudas con las galletitas? De hecho en lo que baja Tere, paso a la cocina a saludar.

-¡Niiiiña Isa! Qué milagro, qué abandonadas nos tienes, desde que el joven se fue, ya no nos echas ni un lazo. ¿Qué te pasó en la mano?

-Ay Catita, me quemé, ¿no tiene de esa pomada maravillosa? Qué bueno que fue la mano izquierda, así no estaré toda embarrada cuando salude a los señores Cometa.

-Señora Cometa, buenas noches, ¿cómo está?

-Isa ¿cómo estás, hija? Qué te pregunto, si estás muy guapa, ¿adelgazaste?

-Mi mamá le manda estas galletitas que horneó.

-No tienes que traer nada, dile a tu mamá que me haga el favor de mandar galletas cuando vayas de visita a casas ajenas, no cuando vengas a tu propia casa. Pásale hija, ahorita baja Jorge, que está en una llamada. ¿Qué te ofrezco de tomar?

Pasamos de largo junto al despacho y junto a la sala de tele, donde lloré tardes enteras sobre el hombro del Cometa cuando mi relación con Manolo se venía abajo. De reojo verifico si en la mesita de las fotos está la que nos tomamos en la Montaña Rusa y sí, ¡qué chiquitos nos vemos! La Señora Cometa me recibe en la sala principal, me parece que sólo la había usado en el brindis navideño. Frente a mí queda el salón de los trofeos, tapizado de cabezas de bestias cornudas con ojos de canica que no me dejan de mirar. Giro la cabeza justo para ver bajar al Señor Cometa.

-¡Buenas noches, mija! ¿Cómo están tus padres?

-Buenas noches, Señor Cometa, mi papá le manda esta botella de tinto español, me pidió que le dijera que es de Alejandro Fernández y que le sugiere que lo reserve para una ocasión especial.

-Ah, muy bien, muy bien, pues lo probamos de una vez, de una vez, qué ocasión más especial que cenar con la nuera. ¡Martín!, Martín, ponme a enfriar esta botellita y la que saqué de la cava déjala ahí, a lo mejor también nos la echamos ¡es más, tráetela de una vez! Vas a ver qué buen vino, mija, éste lo probamos por primera vez tu papá y yo en un restaurante en Madrid que servía el mejor cordero del planeta.

-Le digo a Isa que está muy guapa, Jorge.

-¿Cómo que “está”? ¡Si “es” muy guapa! Con todo respeto, mija, con todo respeto.

No sé qué decir así que sonrío. El Señor Cometa recibe otra llamada y se disculpa, mientras yo le digo a la Señora Cometa que estoy bien, que mis papás están bien, que sí están en Aguascalientes ahorita y que la abuela Isabel ya está mejor de su pierna, que no sabía que yo iba a venir o con toda seguridad le habría mandado saludos. Me aseguro de no preguntarle por el Cometa, pero ella toma la iniciativa para hablar de él y mencionar que no se enteró de que yo vendría a cenar hoy, o le habría pesado no poder estar aquí para verme. La última vez, el Cometa me dijo que prefería no verme, que no sabía si algún día me iba a querer ver de nuevo, pero cómo hablar de eso con su mamá. Afortunadamente el Señor Cometa regresa, con la mirada un tanto ausente, vuelve a la realidad para servirme una copa de vino y hacer un brindis.

-Por la familia, por los valores familiares ¡y por tener algún día en la familia a una nuera como tú!

Ah caray, pues por la familia. ¡Diantres, el celular, se me olvidó apagarlo! Como puedo, cancelo la llamada, reventando la ampolla de la quemadura que se me hizo horneando las galletas para la Señora Cometa. Una llamada perdida, número desconocido, seguro era Eduardo desde Miami.

 -Si quieres contestar, adelante, hija.

-Gracias Señora Cometa, sólo era un mensajito.

Obviamente no le digo que es Eduardo, ahorita que pueda apago el celular para que no me vaya a marcar otra vez. Pasamos al comedor, puesto con mantel largo y candelabros, y por un instante el silencio es incómodo. Yo no dejo de sonreír mientras recorro mentalmente los temas de conversación que serían correctos, tratando de elegir uno. Afortunadamente la Señora Cometa rompe el silencio:

-¿Y cómo está tu primo el que conocimos aquel Año Nuevo? ¿Sigue toreando?

No tengo ni que responder. El Señor Cometa sale del trance en el que se había quedado a partir de su llamada:

-¡Hombre Teresita, claro que sigue toreando! Si ha estado en carteles muy renombrados, el muchacho, mas no ha figurado del todo. Es que la empresa propone, el torero se dispone y el toro todo lo descompone. Es lamentable que este muchacho no ha tomado al toro por los cuernos, es entrón cuando le conviene y en plazas de mediana envergadura no se arrima, pero es luchón, es luchón. Si lo acabamos de ir a ver a Jalisco tu papá y yo. Pues desde ese día que no lo veo ¿cómo está? Dile que ya ni parece que viva en Aguascalientes. Es más, se lo digo yo, ahorita mismo le hablamos, le hablamos. ¡Adelita, tráigame el inalámbrico por favor!

-Pero si ya es muy tarde, Jorge, no creo que sea prudente llamarle ahorita.

-¿Bueno? ¡Bueno! ¡Consuegro! Pos aquí, cenando con tu hija, convenciéndola de que sea mi nuera ¡imagínate a tus nietos, qué chulos! No, pos no es ningún secreto, no es ningún secreto, en esta casa somos tres los que queremos que Isa pase a formar parte de la familia ¡si tú lo apruebas, claro! Pues tú tienes la culpa, la echaste a perder desde chiquita. Yo me acuerdo cuando anunciaste que era una niña, no lo pudiste disimular, si se te caía la baba por tu princesita. Y sí, la hiciste toda una princesita, cómo no se iba a enamorar m’ijo de ella.

El Señor Cometa sigue hablando, mientras me sirve lo último que queda de la botella y hace gestos para indicar que se ha de abrir la otra. La Señora Cometa entonces empieza a hacerme las preguntas de rigor, que si cómo está mi hermana, cómo están las niñas, qué edad tienen ya, mis hermanos, en Monterrey y ¿en Barcelona o en Madrid? ah, en Barcelona, siempre se me olvida ¿y ya tiene novia?

-¿Y tú, Isa, tienes novio, estás saliendo con alguien?

La sonrisa se me borra de la cara. Me pongo lívida, no sé si por la pregunta de la Señora Cometa o por la voz del Señor Cometa que de pronto adquiere un tono solemne por teléfono:

-¿Eduardo…? ¿es hijo del médico? No, entonces no lo conozco… del club… ¡ah, el pelón! Cómo no, si su hermano es un excelente cazador, claro que sí, lo conozco. ¡N’hombre, no tienes de qué preocuparte, si es de una excelente familia! Ha de ser un buen muchacho. Por lo menos suertudo sí es. …Pues ya nos invitarás a la boda Exconsuegro, ya nos invitarás a la boda, aunque espero que nos veamos antes ¿eh? Nos hablamos, nos hablamos.

A la mirada de interrogación de la Señora Cometa, Jorge Cometa responde sirviéndole más vino.

-Ya nos invitarás a la boda, mija.

Sólo atino a vaciar mi copa y a sonreír mucho mientras el Señor Cometa vuelve a llenarla de ese Alejandro Fernández destinado a ocasiones especiales.

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Author: estilógrafa

Soy la hija fruto de una noche de romance entre el Mar y la Luna. De mi padre heredé la pasión y la intensidad, y de mi madre lo polifacético.

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