19. La invitación

¿Quién me busca en mi casa un día laboral a media mañana? Nadie podía haber sabido que no iría a trabajar porque tengo cólico. Claro, eso como pretexto perfecto para estar con mi prima Luisa. Bajo en cinco minutos. Nomás me pongo aretes, me cambio de blusa y me doy una manita de gato. Aunque pensándolo bien, no creo que sea ningún galán. ¿Quién será? Híjole, ha de ser la Niña Esparza, creyendo que mi hermano está de vacaciones y viniendo con el pretexto de pedir noticias de Eduardo. O de darlas, con eso de que él le llama más a ella que a mí. No, pero ella seguro piensa que yo estoy en la oficina.

¡No vaya a ser Manuel! Me dijo que me buscaría cuando se divorciara y él sí que podría llegar a mi casa a cualquier hora del día. Pero los trámites de divorcio duran más, ¿no? Mejor me dejo de especulaciones y bajo así, sin aretes y con la blusa pasada de moda…

¡Marta! La novia de Pablo. Desde que se enteró de la enfermedad de Pablo, Marta se ha venido para abajo. Está como mujer con síndrome premenstrual todo el tiempo. Se está riendo y de la nada se suelta a llorar. Y cómo no, si desahuciaron a su novio. En cambio Pablo, irónicamente, recibió una inyección de vida. Está… eso, vital, como exprimiendo las últimas gotitas. Quién sabe cuánto tiempo le dieron. Primero eran dos años, luego cosa de semanas y después que tenían que esperar los resultados de quién sabe cuántos exámenes para determinar, aunque en estos casos cualquier fecha es mera especulación.

Marta viene bien arreglada, lo cual me tranquiliza. Su semblante no es el de alguien que viene con malas noticias, sino al contrario. Desde la fiesta de despedida de Pablo he estado esperando que alguien me llame o venga para avisarme que ya murió. Evidentemente no es ésta la ocasión.

Nos ofrecen algo de tomar y acepta, lo cual indica que se quedará un rato. Sobre la mesa había dejado un sobre que me extiende. La invitación a su boda. Seguramente está acostumbrada a la cara de sorpresa que ponen todos cuando se enteran de que se casa, porque se apresura a explicar, como si fuera lo más normal del mundo, que los médicos no pueden determinar cuánto tiempo de vida le queda a Pablo, pero que en definitiva es más de dos meses, así que les da tiempo perfecto de casarse. Sigue hablando: que si han tenido que hacer todo de manera precipitada, por eso el anuncio del compromiso está siendo simultáneo a la entrega de la invitación, que si tal diseñador le hará el vestido y no sabe si quiere alcatraces o lilis, pero en los arreglos de centro de mesa definitivamente quiere flores y velas, y que la iglesia ya está apartada para los próximos ocho meses, ¿lo puedes creer, Isa, en Aguascalientes? , así que por eso se casan en viernes.

Mientras la escucho, saco la invitación del sobre. Es bonita, sencilla, de buen gusto. Tiene un corte semicircular aprovechando la curva de la P. La abro y leo de reojo los datos de la iglesia. Marta sigue hablando sobre los preparativos de la boda y me parece una descortesía dejar de prestarle atención para comprobar lo que me pareció ver: ¡¿sólo un boleto?! No quiero desprender el boleto, pero parece que sí, sólo me dieron un boleto.

Marta se da cuenta de que estoy mirando la invitación con ojos de desconcierto y se apresura a explicar: te sorprenderá que no pusimos las indicaciones de la mesa de regalos, lo que pasa es que ya tenemos todo, el papá de Pablo nos regala la casa y los muebles, y mis papás ponen lo demás y nos dan una camioneta. Es cierto, tampoco hay hojita con los datos de la mesa de regalos. Obviamente no saco a Marta de su error y fijo atenta la mirada en ella. Primero queríamos un carro, pero claro, la camioneta es más práctica para ir al hospital, porque ya ves que en las sesiones de quimioterapia Pablo anda en silla de ruedas, y ni modo de llevarlo en el coche.

Quimioterapia. Esta pareja debatiéndose entre la vida y la muerte y yo preocupada porque sólo me dieron un boleto para asistir a la boda. Pero ¿por qué me habrán dado sólo un boleto? Saben que Eduardo está en Miami, pero creo que no les dije que regresa hasta septiembre. Además, aunque no esté, podría llevar a mi hermano, a alguno de mis primos, o a quien fuera. Va a ser un poco incómodo ir sola. No creo que me hayan dado sólo un boleto por falta de lugares, porque se nota que están tirando la casa por la ventana, a juzgar por todos los preparativos.

De pronto, Marta se queda callada. Mira mis manos, que sin querer desprendieron el boleto —el único boleto- para la recepción y juego con él. Al darme cuenta, trato de pegarlo de nuevo en la invitación, con tal nerviosismo que tiro el sobre al suelo. Marta cambia el tono de su voz, es ahora bajo, casi apesadumbrado. Isa, nada más te dimos un boleto. Afirma. Sé que Eduardo está en Miami, si regresa para la fecha de la boda, me avisas y te doy otro. Nada más que por favor dime cuanto antes, porque si vas con él, tengo que volver a organizar las mesas para ver cómo te voy a sentar, porque el Cometa no va a querer que los dos se sienten en su mesa.

Por cierto, estás sentada en la mesa del Cometa, no hay problema ¿verdad? Bueno, pues ya me voy, que todavía tengo que entregar invitaciones y quedé de comer en casa de Pablo, que el pobre amaneció muy mal hoy y se tuvo que quedar en cama, por eso no vino.

En mi cuarto, mi prima Luisa me espera pintándose las uñas de los pies. Me ve con mirada inquisidora, a la que respondo extendiendo el sobre con la invitación. Mientras lo lee, saco de la bolsa mi agenda electrónica para apartar el viernes dentro de casi un mes.

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Author: estilógrafa

Soy la hija fruto de una noche de romance entre el Mar y la Luna. De mi padre heredé la pasión y la intensidad, y de mi madre lo polifacético.

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