32. Secreto develado

“¿Tú sabías que los hijos de tus tíos Alfonso y Blanca eran tres, Isa?” No, no lo sabía. Al menos no me acuerdo. Solían referirse a ellos como “mis primos”, sin especificar número. Ahora que lo dices, sí, siempre tuve la imagen de tres primos, pero nada más dos vinieron a ver a la Abuela… Así es, falta el mayor.

En mi mente se dibuja la imagen de un primo casado con una extranjera, hablando en inglés con sus hijos rubios. Me limito a cuestionar a Lucía con la mirada. Ella se levanta en silencio por la caja de pañuelos y los cigarros, enciende uno mientras me ofrece otro y suspira, como develando el telón para que comience la historia.

“Mi hermano Alfonso conoció a Blanca por uno de los hermanos de ella. Estaba sobreprotegida por sus padres y prácticamente no salía, mucho menos conocía a hombres fuera de su familia. Cuando Alfonso empezó a frecuentarla, se dio cuenta del mundo en el que ella vivía y decidió rescatarla, como si fuera el héroe de la película. Blanca comenzó a tener ideas propias y eso no le gustó nada a sus padres, sobre todo a su padre, que estaba metido en la política y en negocios no del todo limpios. Le prohibieron volver a ver a tu tío. El hermano de Blanca cortó de tajo su amistad con Alfonso y la situación se puso tensa.

“Una noche en que el papá estaba jugando y tomando con sus amigos, perdió una suma exorbitante. Apostó varios autos, que perdió. Apostó también una de sus propiedades, con igual suerte. Entonces apostó la mano de su hija: si ganaba, recuperaría todo lo que había perdido hasta entonces, pero si perdía, su hija tendría que casarse con uno de sus amigos, un hombre conocido por su vínculo con el narcotráfico. La mamá de Blanca trató de impedir que apostara, pero el papá estaba agresivo por efecto del alcohol, así que no hubo mas que esperar que esta vez ganara. No fue así. Enfurecido, el papá de Blanca la llamó para que se fuera esa misma noche con su amigo, pues así estaba convenido. La madre se levantó para detenerlo, pero el amigo sacó la pistola, justificando con que las deudas de juego son las deudas de juego. La madre entonces dijo que iría por Blanca, pero en vez de ello le indicó que se fuera por la ventana y que no regresara, que ella encontraría la manera de comunicarse para avisarle cuándo podría regresar.

“Blanca acudió a tu tío. Vino a la casa con la intención de hospedarse aquí, pero al cabo de una hora vinieron hombres armados con amenazas e insultos. Recuerdo que tu Abuelo, que aún vivía, salió a entretenerlos mientras la Abuela le pedía apoyo a Nino, su compadre. Alfonso y Blanca salieron esa noche brincándose a la casa de los vecinos, pues también el terreno de atrás estaba cercado por gente armada. Durmieron en alguna casa de los padrinos de Alfonso y dos días más tarde se llevó a cabo la boda en Lagos de Moreno. Me acuerdo que fue un lunes. Habían querido casarse el domingo aquí en Aguascalientes, pero fue imposible llegar, porque cada vez que salíamos de casa, había gente siguiéndonos. Tuvimos que salir de casa poco a poco, tomando rumbos diferentes. Yo salí con tus abuelos a la iglesia donde oficiaba el Padre Bernardo. Él nos ayudó a salir por la parte de atrás y nos fuimos los tres a un rancho que en aquella época era de los Ninos.

“Llegamos a distintas horas, sin arreglarnos más de la cuenta, para no levantar sospechas. Cuando llegaron los últimos, tus tíos Isabel y Humberto, empezó la ceremonia. Sólo estuvimos los hermanos, los Ninos con una de sus hijas, el Padre Bernardo y un juez. En total las bodas civil y religiosa no debieron durar más de media hora. Mi padre abrió champaña y despedimos a los recién casados todavía con las flautas en las manos.

“De regreso en Aguascalientes encontramos la cerradura violada y la casa vuelta al revés. No quisimos dar aviso a la policía. El infierno que vivimos durante un mes, no se compara con lo que han vivido Alfonso y Blanca durante todos estos años”.

No quepo en mí del asombro. Me parece estar leyendo una novela policíaca y no puedo creer que esto haya sucedido en el seno de mi propia familia. Enciendo otro cigarro para invitar a Lucía a que continúe.

“Al cabo de más de un año supe que estaban en Hermosillo. Luego nos enteramos de que Blanca estaba embarazada y mi papá fue a visitarlos. Decidieron mudarse antes de que el niño naciera, esta vez a Culiacán. Ahí nació tu primo Alfonsito y por primera vez vivieron un período tranquilo. Tu mamá y yo llegamos a visitarlos en alguna ocasión, creo que también tu tía Luisa. Alfonso viajaba mucho a Guadalajara y en uno de esos viajes, quién sabe cómo lo encontraron y lo golpearon hasta romperle las piernas, que no lo mataban porque él era su pista para encontrar a Blanca, y en cuanto esto ocurriera, los mataban a ambos. Alfonso ya no regresó a Culiacán. Valiéndose de intermediarios, arregló con Blanca una nueva mudanza. Estuvieron en Colima. Gracias a contactos de tu Abuelo, se cambiaron los nombres y tu primo Arturo, al nacer, fue registrado con distintos apellidos a los de su hermano.

“La cosa en Aguascalientes se puso muy difícil, porque empezaron a molestar a mi padre hasta que lo secuestraron, o bueno, hoy en día se habría llamado desaparición forzada. Lo torturaron para obtener información sobre el paradero de Blanca y el bendito hombre no soltó palabra. Los doctores dijeron que ese incidente detonaría el problema cardíaco que lo que llevó a la tumba. En cuanto Alfonso y Blanca supieron sobre el secuestro, se mudaron a Tepic. Nosotros sólo sabíamos que estaban ahí, pero no teníamos más que un número telefónico. Supimos que nació Alfredo y que el padre de Blanca se convirtió en gobernador de su estado natal.

“Cuando volvieron a mudarse, esta vez a Mérida, tú abuela y yo pensamos no correr peligro yendo a verlos una vez al año. Pero al cuarto año consecutivo de nuestra visita, la familia de Blanca se enteró de dónde estaban. Alfonsito tenía 16 años. Él no quería dejar Mérida, así que decidieron arriesgarse. La decisión les salió cara, demasiado cara. Un día Alfonsito no llegó a casa. Dieron aviso a las autoridades y lo buscaron durante más de una semana. Cuando fue encontrado, Alfonso y Blanca casi no pudieron reconocer el cadáver”.

El primo casado con la extranjera se disuelve en las lágrimas que derramamos juntas, mezcla de tristeza y rencor, sentimientos nimios comparados con lo que han debido sentir mis tíos. Un escalofrío recorre mi cuerpo al comprender a qué grado Alfonso y Blanca han sido alejados con violencia de la familia y de la paz interna.

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Author: estilógrafa

Soy la hija fruto de una noche de romance entre el Mar y la Luna. De mi padre heredé la pasión y la intensidad, y de mi madre lo polifacético.

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