Ora sí que de rescatadora a -quasi- damnificada

La inundación me arrancó de las labores de ayuda intensa que estaba ofreciendo.

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Bitácora de lo irónico 1

A las tres de la mañana comenzó a sonar con insistencia el teléfono mi casa en Querétaro, en la que me encontraba sola con mis tres hijos. Estando involucrada desde el sábado por la mañana en las labores civiles de apoyo ante la emergencia del sismo del 19 de septiembre de 2017, asumí que se trataría de una petición de ayuda desde la Ciudad de México. Sumamente aturdida al cabo de 4 jornadas de casi 20 horas bajo presión, tomé el celular y bajé las escaleras a prisa. Al tener visión del piso inferior, me percaté de que mi casa se estaba inundando. Un espejo de profundidad incierta y agua turbia cubría completamente el piso de la vivienda, construida ex profeso un metro más elevada que las nueve casas adicionales del mismo condominio.

Con mi atención puesta en el teléfono que seguía timbrando, caminé deprisa y resbalé sin caer. Mi celular tuvo menos suerte. Se zambulló en el charco de agua y fue rescatado al instante, evidentemente mojado pero aún funcionando. Respondí al teléfono no a una llamada relacionada con el sismo, sino precisamente con el fin de alertarme sobre la situación. Mi casa se inundaba y había que hacer algo al respecto. Tratar de minimizar el desastre y estar preparados para las consecuencias. Afortunadamente ya llevaba una semana inmersa en la dinámica de atención a emergencias.

Lo primero que hice al colgar fue sumergir en el bote de arroz el celular aún encendido, pues el que siguiera funcionando parecía ser de vital importancia. Luego definí las tres acciones a tomar, les asigné prioridades y me dediqué a ejecutarlas.

En cuanto al celular, tan pronto como mi semáforo de alerta palideció un tono y puesto que el errático comportamiento de Siri había estado poniendo en evidencia el daño, amén de que la batería comenzó a hincharse inutilizándolo casi completamente, no tuve más alternativa que apagarlo y regresarlo a su hibernación dentro del arroz, confiando en sus habilidades de absorción y encendiendo veladoras a dioses en los que no creo.

Así que, entre el remolino de ideas por todo lo que pasó e hice y la incapacidad de WhatsApp de funcionar en su versión de escritorio a menos que el móvil se encuentre simultáneamente activo, me encuentro con mucho que decir y aún sin los recursos para hacerlo.

Como diría la abuela, mañana (o, en este caso, al rato) será otro día.

 

Author: estilógrafa

Soy la hija fruto de una noche de romance entre el Mar y la Luna. De mi padre heredé la pasión y la intensidad, y de mi madre lo polifacético.

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