Panqué de plátano épico

Ingredientes:

3 plátanos tabasco maduros. Muy maduros.

1 barra de mantequilla

1/2 taza azúcar (se puede reemplazar por Splenda granulado)

1 cucharadita extracto de vainilla (o saborizante)

1 huevo

1 1/4 taza harina (yo uso integral)

1 cucharadita polvo para hornear

1/4 cucharadita sal

 

Manera de hacerse:

Precalienta el horno a 180ºC. Engrasa y enharina un molde para panqué o 12 moldes para panquecitos individuales. (Yo uso aceite para engrasar y pan molido en vez de harina para enharinar).

Corta la mantequilla en cubos y ponla a derretir fuego lento. Mientras tanto machaca los plátanos pelados con un tenedor o machacador de puré. Tan pronto como la mantequilla esté derretida, viértela sobre los plátanos, mezclando lo suficiente para que todo el puré de plátano se cubra de mantequilla caliente. En eso consiste el secreto de la receta, es el paso más importante en el proceso y el aroma que desprenderá la mezcla te lo confirmará.

Mientras dejas que la magia suceda, integra harina, polvo para hornear y sal hasta tener una composición uniforme.

A la mezcla de plátano y mantequilla agrégales el huevo batido, azúcar y extracto de vainilla.

Incorpora los ingredientes secos a los húmedos. Mezcla bien (incorporando suavemente, sin batir) hasta lograr una mezcla homogénea). (Opcional: agrega media taza de chispas de chocolate semiamargo o de nuez pecana burdamente picada). Viértela en tu(s) molde(s).

Hornea (entre 12 y 15 minutos si usaste moldes individuales o entre 17 y 20 si usaste uno grande) hasta que al introducir un palillo, este salga limpio, aunque no seco. (La textura natural ideal del panqué es humectada).

Disfruta tibio o frío.

Organizar una doble jornada virtual

Además del reto de adaptar nuestras clases al formato flexible y digital, muchos de nosotros tenemos la dificultad adicional de mantener ocupados a nuestros hijos en casa. Para ello comparto algunas recomendaciones (además de las que seguramente ya estarán haciendo):

1. Establece una rutina. Quiero suponer que ya todos tienen una agenda diaria de actividades por hacer. En caso de que no la tengan, esa sería mi primera recomendación. Entre más pronto los niños vivan un nuevo status quo, mejor. Se adaptarán fácil.

2. Empodera a los niños. Dentro de los límites que acotes, permítele elegir. Le ayudará a sentirse en control y propiciará su colaboración. Tú define los horarios para las actividades y determina cuáles son las obligatorias. Deja que él elija cuáles más hacer y en qué orden.

3. Incluye interacciones. Asegúrate de considerar momentos en que pueda relacionarse con personas fuera de casa. El contacto personal es importante y contribuye a la salud mental y emocional. En nuestro día-a-día lo damos por hecho. Durante la cuarentena deberá propiciarse.

4. Considera tiempo para ti. Incluye momentos del día en que tus hijos deban respetar tu espacio sin interrumpirte. Puedes aprovechar estos ratos para trabajar o para descansar (que también es importante).

Además puedes motivar a tus hijos a hacer todo mediante la gamificación. Básicamente consiste en extrapolar los conceptos de un videojuego: otorgar puntos, subir niveles.

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Respuesta sistémica ante COVID-19

Como es comprensible, ante el COVID-19 surgen posturas contrastantes sobre lo que la gente debe hacer o evitar. Pero no se habla del impacto sistémico de que el colectivo actúe -o no- del mismo modo (y en lo personal me resulta fascinante).

Cada quién esgrime argumentos de por qué tiene razón, como si tratara de convencer a todos de actuar del mismo modo (o como si necesitara validar su propia decisión en medio de la incertidumbre). Ante posturas diferentes, a veces surgen la frustración y hasta la intolerancia.

No importa que no toda la población actúe igual. De hecho sistémicamente lo mejor que puede pasar es que se tomen posturas diferentes: que algunos decidan ignorar las precauciones, otros sean ultra precavidos, más todo el abanico de posibilidades intermedias.

No nos conviene que la totalidad de la población ignore las precauciones y mantenga el contacto social habitual, pues esto resultaría en la curva exponencial de casos que saturaría los servicios de salud en perjuicio de los más vulnerables.

Pero tampoco lo contrario. Si todos decidiéramos encerrarnos a cal y canto simultáneamente, nada más pospondríamos la curva.

Conviene que unos cuantos se vayan enfermando para generar la inmunidad de manada. Además necesitamos la sensación de que esto pase (con un clímax de contagios y su posterior descenso) para “regresar a la normalidad” y que la economía se reactive.

En ese sentido no tiene caso tratar de convencer a los demás de que hagan lo que tú decidiste, porque tampoco sería bueno que todos actuaramos igual.

La gran conclusión a la que la Teoría General de Sistemas nos lleva en este caso es: no existe una Verdad, una única forma correcta de actuar. Lo mejor para el sistema es respetar cada decisión individual.
Así que, decidas lo que decidas, ten la tranquilidad de que puedes aceptar decisiones diferentes a sabiendas de que también son lo mejor para el colectivo. (Personalmente creo que eso aplica para la vida en general y podría abonar a ser más tolerantes).