Aplauso (en off)

Un concierto inusual.

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El sonido en off de un violín siendo afinado es precedido por un aplauso multitudinario. La imagen muestra un recinto de conciertos. El director de orquesta ha salido de una pierna del escenario y lo atraviesa hacia su estrado. Los músicos están de pie. El escenario está iluminado y solo se perfilan las siluetas de los asistentes en una sala repleta.

El director llega a su sitio, los músicos toman asiento, los aplausos no cesan. Un close up al director revela un gesto de satisfacción. Mira a un lado y otro de la sala a un público a contraluz que no se alcanza a distinguir. Asiente con la cabeza a modo de agradecimiento. La intensidad de los aplausos no desciende un ápice. Un microgesto del director pone en evidencia que está contrariado. Carraspea. Un close up del percusionista revela angustia y nerviosismo.

Los aplausos continúan y el director regala una sonrisa a todas luces forzada. Gira hacia los músicos y acribilla al percusionista con una mirada. El destinatario echa el cuerpo hacia atrás, esquivando aquella mirada. La intensidad de los aplausos comienza a bajar y el percusionista respira aliviado. El director recupera la postura erguida y da unos golpecitos en el atril. Los músicos no le quitan la mirada y los violines se preparan.

A una indicación del director comienza la música. Un adagio que envuelve a director y músicos con su cadencia, a juzgar por ojos entrecerrados y cuerpos que se dejan mecer por la melodía. El público, siempre en la penumbra, no se alcanza a distinguir.

La música sube ligeramente de tono, a todas luces preparándose para hacerse más vivaz. El director arquea las cejas, expectante, y levanta la batuta alargando el instante que precede al clímax, pero justo en ese momento se escucha un estruendo en el público. El director, incrédulo, abre grandes los ojos, indica a los músicos que guarden silencio y baja la batuta. Gira lentamente, primero la cabeza y el resto del cuerpo después, al público.

La cámara se abre y muestra, de espaldas, a un cuerpo inclinado sobre el pasillo. Parcialmente sobre la silla y con el brazo y la cabeza en el piso, tiene una postura antinatural.

El director ha recorrido con la mirada a los asistentes en busca del origen de tal estruendo y lo ha identificado. El resto del público parece paralizado en su asiento.

El director camina, adusto y ágil, hacia el cuerpo inerte. El percusionista se pone de pie y avanza hacia una de las piernas del recinto.

El director se inclina hacia el cuerpo y sonríe, ladeando la cabeza y extendiendo los brazos cual padre amoroso. Se encienden las luces del foro (seguramente por obra del percusionista). Un paneo de la cámara revela la naturaleza del público: decenas de maniquíes debidamente vestidos con poses cuidadosamente estudiadas para emular asistentes reales.

El director levanta al maniquí culpable del estruendo de hace un rato, lo sienta, le cruza la pierna, le acomoda un brazo sobre el regazo y el otro recargado en el primero y deteniéndose la barbilla. Sonríe complacido.

Regresa a su sitio y retoma donde se había quedado. Los músicos interpretan un allegro ma non tropo seguido de un vivace, todo en la misma composición. Todos parecen estar poseídos por la melodía y al acabar, el director y algunos músicos tienen los ojos cerrados. El percusionista entre ellos y de pronto parece sobresaltarse. Se levanta de su asiento y se apresura a una de las piernas del teatro. Oprime un botón y el aplauso multitudinario envuelve al recinto. El director esboza un rostro de satisfacción y gira hacia el público, haciendo una reverencia exagerada.

La imagen desaparece y queda en off el sonido del aplauso.

audio - 1.jpg

 

Defensa

Sabiduría
de palabras calladas,
dolores profundos,
heridas del alma.

Ceguera deliberada,
sordera,
mutismo:
armas.

Defensa pasiva
del guerrero que pretende
no haber estado nunca en la guerra.

Exilio

Yo que en la piel tengo la sal de los amores cadentes

que en el murmullo del mar escucho las historias de los ancestros de cien generaciones

no pude resistirme a tus ojos de mulata, a tus besos de amapola,

y migré, dejando que mi historia escapara ente mis dedos

como agua que nunca iba a ser contenida para beberse. 

La Rebelión de los Demonios

demonios - 1.jpgSilencio.

Se extiende en el cielo

rebeldia de demonios.

Mareas que chocan,

presagios cumplidos.

 

Las guirnaldas no adornan

lo que el tiempo ha roído.

Recuerdos corroen

futuros perdidos.

Cadenas que arrastro

jamás se han ido.

 

El cielo esta noche

abriga mi herida.

Señal de profeta,

estigma de olvido.

 

Cargas imborrables,

castigo divino.

El viento se calma

más nunca el latido.

 

Tormento impasible,

cicatriz del frío

que corroe el alma

del niño abatido.

Detén el tiempo

tiempo - 1.jpgEspera, detén el tiempo.

no dejes que se lleve esto.

Mañana no serás caricia de sol

ni brisa de viento.

Quiero ser siempre espuma de mar

que toca el cielo.

Espera, detén el tiempo.

Sé siempre el atajo a mí,

vuelo eterno.

¿Cómo se pausa por siempre un beso?

¿Cómo me quedo aquí

en tu Destino?

Te suplico, detenlo.

He de estar siempre en ti

sólo así vivo.

Espera, detén el tiempo.

Cómo ausencias

Te abrazo con la mente
pues el hueco entre nosotros
me impide alcanzarte
Mira cómo faltas
como ausencias
como hoyas
cómo vacías
Porque tu falta es verbo
que no se siente sino corroe
me ahueca
impasible
Te beso en el abismo
de esta distancia
que anega mi alma
Regresa pronto
porque tu ausencia
me traga.